Viernes
EL LÍO DEL CELIBATO
Por: Jorge Otermin
DIARIO AMBITO FINANCIERO. BUENOIS AIRES. ARGENTINA.
No bien fue designado secretario del Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin,
quien estaba a cargo de la nunciatura en Venezuela, declaró en una
entrevista que el celibato en la Iglesia Católica no es un dogma y se
puede discutir, pensando en algunas modificaciones. En sintonía con el
discurso del papa Francisco, Parolinhizo lío con sus declaraciones antes de convertirse en el sucesor del polémico Tarcisio Bertone, quien dejó su cargo luego de siete años de servicio (toda la era Ratzinger) como primer ministro de la Santa Sede.
El
celibato es un estado que la Iglesia impone a sus sacerdotes y obispos
desde hace siglos, más precisamente luego del concilio de Trento
(1545-1563), y cuyo único documento que lo refrenda es el canon 277 del
Código de Derecho Canónico, que establece que los clérigos están
obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de
los Cielos y, por tanto, quedan sujetos al celibato, que es un don
peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse
más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor
libertad al servicio de Dios y de los hombres.
Si bien ha
sido tradicionalmente aceptado como un don divino, existe una
estadística que muestra que esa sumisión a veces no es tan
incondicional. Según las últimas estimaciones de Fides, la agencia de
información de Obras Misionales Pontificias, hay 412.236 sacerdotes
ordenados en todo el mundo. De ellos, de acuerdo con la Confederación
Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, 159.000 están en pareja,
una cifra sorprendente. Más allá de la rigurosidad del corte
estadístico, la mayoría de los sacerdotes en pareja, claro está, no
ejerce el ministerio.
Es una cuestión de una relevancia enorme
para la marcha de la Iglesia, que durante los papados de Juan Pablo II y
Benedicto XVI fue un tabú. El papa polaco llegó a decir al respecto:
'Yo sé que tendrá que llegar, pero espero que no sea durante mi
pontificado', recordó a Viernes, desde Cádiz, España, Juan Cejudo Caldelas, exsacerdote y miembro del MOCEOP (Movimiento Pro Celibato Opcional).
Este
Papa está teniendo unos gestos muy valientes para ir debatiendo en la
Iglesia ciertas cuestiones que parecían cerradas a cal y canto para
siempre. Ahora habla ¡nada menos que el secretario de Estado!, de la
opcionalidad del celibato y de la necesidad de mayor democracia en la
Iglesia. Esperemos que las palabras se conviertan en hechos, se
entusiasmó Cejudo, en contraste con la alarma que encienden algunos
gestos de Francisco en el sector más tradicionalista de la Iglesia.
El prestigioso teólogo Hans Küng fue
suspendido en el dictado de clases en la universidad alemana de
Turingia en 1979 por su postura crítica ante el Vaticano. Histórico
rival intelectual y político de Joseph Ratzinger, brindó una de sus últimas disonancias al expresar que quiere recurrir a la eutanasia debido a su progresivo mal de Parkinson.
Küng
apunta de lleno contra el celibato: Los sacerdotes apartados de su
ministerio por razón de su matrimonio suman decenas de miles. Muchos
jóvenes aptos renuncian al sacerdocio a causa de la ley de celibato. Un
celibato libremente elegido por los sacerdotes seguirá teniendo su
lugar en la Iglesia Católica, pero una soltería prescripta por el
Derecho Canónico contradice la libertad que otorga el Nuevo Testamento,
la tradición eclesiástica ecuménica del primer milenio y los derechos
humanos modernos. La derogación del celibato obligatorio sería eficaz
contra la catastrófica carencia de sacerdotes perceptible en todas
partes. Si se mantiene el celibato obligatorio, tampoco puede pensarse
en la deseable ordenación de las mujeres.
Küng fue en su
juventud perito del Concilio Vaticano II, junto a Ratzinger, quien,
curiosamente, había firmado en 1970 un documento enviado a la
Conferencia Episcopal Alemana en el que cuestionaba seriamente el
celibato: Nuestras reflexiones apuntan a la necesidad de una urgente
revisión y un tratamiento diferenciado para la Iglesia alemana y
universal. Ese documento también contó con la firma de Walter Kasper, actual cardenal alemán y miembro de la curia romana.
ORÍGENES
En los comienzos del cristianismo, el sacerdocio estaba ejercido por
hombres casados. El apóstol Pedro (junto a quien Jesucristo funda su
Iglesia) solicita la cura de la enfermedad de su suegra, tal como lo
relata el evangelio de Marcos I, 29-39. La eucaristía, eje litúrgico de
la fe cristiana, estaba ejercida por varones y mujeres, solteros o
casados, costumbre que progresivamente comenzó a recaer sobre ministros
profesionales dentro de una estructura socioadministrativa en la que
sólo los iniciados estaban facultados para la consagración del
sacramento.
Fue en el concilio regional de Elvira (Granada,
España), en el año 305, cuando se empezó a discutir si el celibato debía
ser impuesto sobre el clero, por lo que se comenzó a exigir a los
sacerdotes casados que abandonaran a sus esposas. Sin embargo, el
concilio de Nicea, que sí fue general para toda la Iglesia, en 325, no
consideró esta propuesta.
De allí nació un largo camino que
derivaría en la instalación de una práctica que casi se hizo religión.
El propio San Agustín, el pensador más influyente del primer milenio
cristiano, llegó a escribir que nada tan poderoso para envilecer el
espíritu de un hombre que las caricias de una mujer.
Luego de los
edictos disciplinarios salidos de los tres concilios de Letrán, el de
Trento terminó de imponer la medida disciplinar no dogmática. Ya en la
modernidad, el papa Pablo VI lo refrendó con el magisterio de la
encíclica Sacerdotalis Coelibatus, de 1967.
Pese a lo que sugiere este bagaje, los comentarios de Parolin suenan técnicamente correctos. Fueron
pronunciados a modo de ejemplo para distinguir entre un dogma y una
práctica de la Iglesia que no es dogmática. Un dogma es lo que se ha
declarado como infalible, por ejemplo, que para la Iglesia, Jesucristo
es Dios. En ese sentido, el celibato no es un dogma declarado. El estatuto doctrinal de esta práctica es complicado y está todavía en estudio, señaló a este suplemento el padre Manuel de Elía, profesor de Teología de la Universidad Austral, reconocida casa de estudios vinculada al Opus Dei.
De
Elía recordó que al hablar de la Iglesia Católica, no debe olvidarse
que ya existen sacerdotes casados: en las iglesias de rito oriental y en
el reciente ordinariato anglicano creado por Benedicto XVI, en el que
se permite ordenar sacerdotes católicos a clérigos anglicanos casados
conversos al catolicismo. Se refiere a la constitución apostólica
Anglicanorum coetibus decretada en 2009 para la aceptación entre veinte y
treinta obispos anglicanos que solicitaron su ingreso a la Iglesia
Católica. Esa constitución permitió a los pastores anglicanos casados
pasar a ser presbíteros.
Esta excepción ya se había permitido en
1994, tras la primera ordenación de mujeres en la Iglesia Anglicana,
cuando varios clérigos pidieron su adhesión a la Iglesia Católica,
conservando su estado clerical.
Pero Parolin no fue el primero en abrir el juego en las altas esferas de la Iglesia Católica. En 2006, el cardenal brasileño Claudio Hummes, amigo personal de Jorge Bergoglio,
dijo en una entrevista que el tema del celibato podía discutirse en el
ámbito del derecho canónico, quitándole el aura de dogma de fe. De esas
declaraciones se desprendieron toda clase de especulaciones acerca de un
posible cambio. Hummes, como recién designado titular de la Oficina del
Vaticano para el Sacerdocio, tuvo que salir al cruce con una extensa
declaración que reafirmaba el celibato.
El mismo Bergoglio, antes
de ser ungido papa, fue citado en el libro Sobre el Cielo y la Tierra,
una semblanza del diálogo interreligioso mantenido con el rabino Abraham Skorka:
Por el momento estoy a favor de que se mantenga el celibato, con los
pros y los contras que tiene, porque son diez siglos de buenas
experiencias más que fallas, al tiempo que en otro párrafo señalaba que
es una cuestión de disciplina, no de fe. Se puede cambiar.
En
la Iglesia se vive con alegría el celibato. Si nos pusiéramos a
analizar qué se ganaría y qué se perdería con su abandono, en el balance
veríamos demasiadas pérdidas. La gente reclama santidad y entrega en
sus sacerdotes, dijo a Viernes el sacerdote y blogger Eduardo María Volpacchio, doctor en Teología por la Pontificia Università della
Santa Croce, con sede en Roma y también del Opus Dei. En el mundo lo
viven más de 400 mil sacerdotes (y más de cien mil seminaristas que se
dirigen al sacerdocio), más de 700 mil religiosas y muchos fieles
laicos. Estamos hablando de una forma de vida que realizan libremente
más de un millón de personas. Y les va bien: la revista Forbes en
noviembre de 2011 publicó un estudio de la Universidad de Chicago sobre
las profesiones más felices del mundo: el sacerdocio era la primera de
la lista, recordó.
En ese sentido, el exsacerdote Daniel Bouza
ha vivido también el celibato como un don, pero está a favor de nuevos
vientos: La Iglesia no se debe cansar de autoexaminarse y de rever
aquellas normas que, con el transcurrir de los siglos, dejan de tener
validez y eficacia.
Las conferencias episcopales realizadas tanto
en Medellín como en Puebla y el Concilio Vaticano II estimularon la
figura del diaconado permanente, una alternativa a la gran demanda de
sacerdotes en América Latina sumado a la profunda disminución en las
vocaciones. La carta apostólica de Pablo VI, Ministeria Quaedam, le dio
vigencia. Un diácono es un laico consagrado que puede estar casado y
tener hijos, al que se le permite, dentro del ámbito eclesial,
administrar los sacramentos del bautismo y la unción de los enfermos,
como también la celebración de la palabra, una suerte de misa, pero sin
la consagración de la eucaristía.
Jorge Eduardo Menchaca,
diácono permanente del Obispado de Lomas de Zamora, opinó ante este
suplemento sobre si la Iglesia estaría preparada para una eventual
abolición del celibato: Verdaderamente no lo creo, lo que no implica que
lo vea conveniente; han sido muchos siglos de celibato y las
estructuras naturalmente se adaptan a las costumbres. Habría que
realizar un trabajo parecido a una 'asamblea permanente' por un cierto
tiempo para que se puedan escuchar todas las voces que suenan en cuanto
al tema. Francisco tiene muy claro que hay otras cuestiones mucho
más urgentes que el celibato, pero indudablemente es un tema que ha sido
puesto en primer plano constantemente. El trabajo es enormemente
grande, ya que habría que reestructurar toda la formación de los futuros
sacerdotes y decidir cuestiones operativas que no son menores.
CUESTIÓN DE PESOS
Mucho se sostiene que uno de los desequilibrantes en la decisión de que
el celibato se elimine o sea opcional podría ser el costo económico: no
es lo mismo el sostenimiento de un sacerdote sólo que con una mujer y
niños. Cejudo Caldelas opina que éste es el verdadero problema para que
la Iglesia no se atreva a llevarlo a la práctica. La menor
disponibilidad de los curas para ir destinados acá o allá con su
familia. Creo que los nuevos curas deben vivir de su propio trabajo,
como vivían los apóstoles o a expensas de las ayudas de sus propias
comunidades. Un modelo que el obispo Fritz Lobinger propone en dos libros muy esclarecedores: 'Equipos de ministros ordenados' y 'El altar vacío'.
Para
Bouza, la salida también es similar. De hecho cuenta sus propias
experiencias vividas cuando fue asignado tanto en Filipinas como en
México. El tema económico no puede ser impedimento a la hora de hablar
de sacerdocio. Obvio que una persona sola no es lo mismo que el vivir
junto a una familia. En México, la mayoría de los curas del clero vive
con su madre, hermanos, sobrinos, etcétera, sin ningún problema. Es algo
común. Cada uno en lo suyo, obvio. Pero viven en la casa del cura.
Existe
la idea de que el celibato se instauró en el medioevo para preservar
los patrimonios eclesiásticos. Es un tema que tiene una cierta
divulgación, pero es muy poco defendible históricamente y está muy poco
documentado, manifiesta De Elía. Muchas veces se suele comentar sobre el
tema económico, porque de hecho en las tradiciones orientales los
conflictos que surgen del mantenimiento familiar son una realidad.
Surgen, efectivamente, complicaciones prácticas teniendo en cuenta las
necesidades pastorales en comunidades con carencias económicas fuertes y
el trabajo misionero. De todos modos, no creo que sea el factor
determinante.
Agrega Menchaca, diácono de Lomas de Zamora, que
una opción viable podría ser que, en una reorganización de la actividad
de la mayoría de los sacerdotes, no se dediquen de manera exclusiva a la
parroquia en la que desarrollen su ministerio sino que tengan un
trabajo fuera del apostolado, recordando la experiencia de los curas
obreros. La otra es el compromiso real de las comunidades locales que
verdaderamente tomen a su cargo al sacerdote junto a su familia, y
sostengan sus necesidades.
HÁBITOS POR FAMILIA
En nuestros días, varios sacerdotes con alta visibilidad se han
pronunciado en la Argentina a favor de la abolición del celibato
obligatorio, como Luis Farinello, el crítico de Bergoglio Eduardo de la Serna, o el suspendido cordobés Guillermo Mariani, entre varios otros.
Pero, el caso más emblemático fue el del exobispo Jerónimo Podestá, quien abandonó su ministerio eclesial para formar pareja en matrimonio con Clelia Luro, fallecida
días atrás. Era una época álgida, con la dictadura de Onganía y un
creciente fervor social, político y sindical que también permeaba en la
Iglesia. Tomó fuerza entonces el Movimiento de los Sacerdotes por el
Tercer Mundo. En ese caldo, Podestá, siendo obispo de Avellaneda,
trabajó palmo a palmo con Clelia como secretaria, que ya estaba separada
y con seis hijas. Forzado a optar entre Clelia y su cargo sacerdotal
-se fueron a vivir juntos en 1967, luego marcharían al exilio amenazados
por la Triple A-, Podestá se transformó en un ícono de la campaña a
favor del celibato opcional desde la Federación Latinoamericana de
Sacerdotes Casados. Tuvo el apoyo de varios dignatarios de la Iglesia,
entre ellos Dom Helder Cámara, el obispo rojo de Olida y Recife en Brasil, con quien estrechó una profunda amistad.
Bergoglio
también fue amigo de la familia y, siendo arzobispo de Buenos Aires,
no bien enterado de la muerte de Jerónimo Podestá en 2000, no dejó de
saludar y charlar con la viuda muchos domingos hasta que partió hacia
Roma. Ya como papa, Francisco continuó comunicándose con la misma
periodicidad, por teléfono, desde el Vaticano.
Clelia le había
enviado al Papa su último libro, en formato de manuscrito (no ha sido
editado), al que tituló Relatos de viajes. Caminos en la diáspora. Ocho asesores, además de Francisco, recibieron el texto de la mano de Ramona Romero, integrante del Movimiento Helder Cámara.
Allí
se da cuenta del trabajo de la pareja que dio origen a los Encuentros
Nacionales de Padres Casados, el primero de los cuales fue celebrado en
1984 en un colegio católico de Brasil, bajo la tutela directa de Cámara.
Se congregaron entonces 130 parejas con más de 150 hijos.
El
trabajo enviado por Luro indica que, en los últimos cinco años se
produjeron unas 2.700 interrupciones en el ministerio sacerdotal. El
documento señala también que esa realidad había sido tratada en la V
Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en 2007 en Aparecida,
Brasil, un encuentro que resultó clave para que Bergoglio, como
encargado de la redacción de las conclusiones, ganara un prestigio clave
entre sus colegas.
El documento póstumo de Luro finaliza con un
análisis sobre las interrupciones del ejercicio pastoral realizado en
septiembre último por Guillermo Shefer, vicepresidente de la
Federación Latinoamericana para la Renovación de los MInisterios e
íntimo amigo de los Podestá. Schefer, también sacerdote casado, sostuvo
ante Viernes que las declaraciones de Parolin no son más que lo que el Movimiento Internacional de Sacerdotes Casados venía bregando.
Junto
con la organización latinoamericana, existen la International
Federation of Married Catholic Priests, la Philippine Federation of
Catholic Married Priests, la North Atlantic Federation for a Renewed
Catholic Priesthood y la European Federation of Married Catholic
Priests, todas federaciones que nuclean a movimientos de curas casados
de 26 países.
La Iglesia todavía no está preparada para este
cambio, sostiene Schefer. Hay que trabajar fuertemente, porque la
estructura de la institución carece de identidad para formar un
sacerdote no célibe, para poner en lugares de decisión a varones probos,
padres de familia, trabajadores comunes, que estén consagrados y
ejerzan oficios pastorales, agrega.
Desde la perspectiva
económica, un sacerdote casado no debe implicar mayores costos que un
sacerdote célibe, afirma. Podría sustentarse de un trabajo común, vivir
en su casa y mantener su propia obra social. En mi caso personal, podría
seguir con mis actividades laborales y familiares además de disponer de
un tiempo para la pastoral, enriquecida con mi formación psicosocial;
no le provoco gastos a la Iglesia y no me tienen que proveer vivienda.
En el caso de vivir en alguna propiedad de la Iglesia podría ser en
calidad de préstamo.
HECHOS
El Vaticano
II reclamó estar atentos a los signos de los tiempos, un eslogan que
pareciera querer atender Francisco en sus apenas siete meses de
pontificado: su presentación como Obispo de Roma, la decisión de
otorgarle colegialidad a la dirección de la Iglesia, su forma despojada
de toda pompa y boato, el nombramiento de ocho cardenales para colaborar
en la adaptación de las estructuras eclesiales, la voluntad de reformar
el IOR (Instituto de Obras para la Religión, el banco vaticano que
escandaliza a todos cada cierto tiempo), sus últimos dichos en defensa
del rol de la mujer dentro de la Iglesia solicitando una nueva y más
profunda teología para la mujer, sus palabras no hostiles a los
homosexuales y su voluntad de regresar a los divorciados al seno de la
Iglesia.
Y si bien el tema celibato no salió abiertamente de la
boca del Papa, sí lo ha impuesto estratégicamente su recientemente
asumido secretario de Estado. Sobre este punto, como sobre todos los que
entraron en debate a partir de la asunción papal de Bergoglio, hablarán
los hechos.